35 años de The Legend of Zelda

Este mes de Febrero la (segunda) saga más famosa de los videojuegos cumple 35 años.

21 de Febrero de 1986. Toda la Galia está ocupada por los romanos, y en el Lejano Oriente (qué viejuna suena esta expresión, ¿no?), en la tierra del Sol Naciente, Shigeru Miyamoto, creador del super exitoso Mario Bros., se había liado la manta a la cabeza y había decidido ponerse a inventar en lugar de trabajar en una secuela del plataformas fontaneril, que llegaría en 1988 (no, Mario Bros. 2 NO es una secuela de Mario Bros. Podéis verlo aquí). Y vaya si se lió: 35 años después, The Legend of Zelda es una de las sagas definitorias de los videojuegos. Zelda y los videojuegos son inseparables y uno no podría existir sin el otro.



Hoy en día eso suena a leyenda urbana. ¿Una empresa con una IP de éxito haciendo otro juego en lugar de hacer una, otra y otra secuela de la fórmula exitosa? Eso no posible es.

El arte imita a la vida (y la vida imita al arte)

Sin entrar en el debate eterno de si los videojuegos son o no son arte (sea lo que sea lo que es el arte y sea lo que sea lo que es un videojuego), en este caso vamos a aceptar que es así y vamos a ver esa frase típica de que el arte imita a la vida. Y es que gran parte de las experiencias que se narran en el cine, en los libros, la escultura, el teatro o la pintura tienen una parte de realidad. El paisaje en el que Zeus se encuentra con Europa es el jardín de casa de tal pintor francés, y las olas que ve cierto señor mirando al horizonte son los acantilados de la costa donde los padres del artista tenían una casita de verano. En The Legend of Zelda no es diferente.

Shigeru Miyamoto nació en el Japón de los años 60 y, como todo niño de la época, no tenía una tablet con la que los padres pudieran distraerle así que jugaba en la calle y en el entorno de su casa. Además, tenía la suerte de vivir en un pequeño pueblo, Sonobe, cercano a Kyoto pero que hoy en día no llega a los 20000 habitantes. El pequeño Shigeru se entretenía andando por los bosques, fabricando mapas y encontrando cosas inesperadas. Un día encontró un lago, sin esperarlo, y corrió a contarle a sus padres. Otro día encontró una cueva, y la exploró él solo con una linterna. Aunque dentro no había ningún señor diciendo "It's dangerous to go alone, take this".



Y años después, Miyamoto, ya adulto y exitoso, pensaba en lo que disfrutó aquel día descubriendo cosas que nunca había visto, sintiéndose un aventurero. ¿Cómo exportar eso a un videojuego? ¿Cómo obtener esa sensación de descubrimiento, de entrar a un lugar en el que no ha entrado nadie antes, de resolver un misterio nunca antes resuelto?

Y así nació The Legend of Zelda.

Pero Zelda es el chico, ¿no?

Una de las ofensas baneables que se le puede hacer a alguien que es fan de la saga Zelda es seguir pensando que Zelda es el tipo de verde y no la princesa. No, en serio, ¿en 2021? En fin.

¿De dónde vienen estos ya icónicos nombres, Zelda y Link? De toda la vida se ha dicho que el nombre de la princesa viene de Zelda Fitzgerald, la esposa del autor de El Gran Gatsby (entre otros) y que en aquella época era una estrella admirada por muchos como una mujer avanzada a su tiempo. Y la historia es cierta, aunque no es que Miyamoto la admirara especialmente sino que el nombre le pareció que podía provocar paz o tranquilidad, uno de los rasgos que debía tener la Princesa.



¿Y Link? Además de ir vestido como Peter Pan (también a cosa hecha) para ser reconocible desde el primer momento, se escogió un nombre sonoro, sencillo y que también guardara relación con la historia del personaje. Y es que Link debía ser un héroe del Tiempo, un héroe que enlazara el pasado, el presente, y el futuro. Un enlace entre épocas. Un Link.

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